DERROCHE / ENTRE EL 25% Y EL 30% DE LA ENERGÍA UTILIZADA EN CLIMATIZACIÓN SE PIERDE A TRAVÉS DE VENTANAS INEFICIENTES

Eficiencia energética en hoteles

Deceuninck El líder mundial en ventanas de PVC presenta las ventajas del aislamiento

Durante muchos años la eficiencia y el ahorro energético han estado ubicados en un segundo plano en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. La creciente concienciación medioambiental y energética, apoyada esta última en sus implicaciones económicas, los ha posicionado en un plano principal de los intereses públicos y privados, como podemos comprobar en la proliferación de subvenciones y ayudas para la mejora de la eficiencia energética en distintos sectores.
En los establecimientos hoteleros, la energía y su gestión no tiene solamente un carácter medioambiental y vinculado a la sostenibilidad sino una directa implicación económica, ya que el coste energético supone una de las partidas de gasto más importante en cualquier establecimiento, por lo que una adecuada gestión del mismo puede redundar en una reducción del coste directo y una mejora de la competitividad en un sector cada vez más especializado y con una creciente competencia. La normalización de las auditorías energéticas y su futura evolución y obligatoriedad son un reflejo de la creciente importancia del ahorro energético.
Quizás el primer pensamiento que nos viene a la mente cuando pensamos en establecimientos hoteleros y energía sea la extendida e implantada práctica de optimizar la gestión de las toallas de baño como medida reductora de emisiones contaminantes, o la imposibilidad en menor número de accionar la climatización si hay alguna ventana abierta. Aparte de estos casos, como usuario frecuente de hoteles, no estoy habituado a observar medidas adicionales.
La mayoría de ocasiones que ocupamos una habitación percibimos una notable diferencia de temperatura, ya que habitualmente, los espacios comunes permanecen climatizados (a costa de un importante consumo energético), lo cual nos empuja instintivamente a activar la climatización de la estancia, impulso potenciado por la gratuidad para el usuario de este consumo. Una mejora de la envolvente térmica del edificio (compuesta por los cerramientos del edificio que separan los recintos habitables del ambiente exterior) y de los elementos menos aislantes de la misma redundará de forma inmediata en un menor consumo eléctrico, un mayor confort y habitabilidad, así como una mejora de la competitividad del establecimiento, generando de forma pasiva importantes externalidades positivas para todos los actores implicados, desde clientes hasta gerentes, pasando por un mejor posicionamiento desde el punto de vista medioambiental.
Si estamos habituados a adoptar las decisiones de compra en base a las denominadas Etiquetas Energéticas, como sucede en frigoríficos, lavadoras y otros electrodomésticos, si estas etiquetas se están generalizando en otros productos como ventanas y se han impuesto Certificaciones obligatorias en las transacciones de viviendas, ¿podemos plantearnos en un corto periodo de tiempo la imposición de la Certificación Energética de los Hoteles como elemento obligatorio, ligado al respeto medioambiental y ecológico del establecimiento? ¿Es posible que este sea un elemento diferenciador e indicador de competitividad y confort del mismo? Muy probablemente y en un corto espacio de tiempo los usuarios adoptarán sus decisiones de alojamiento basándose no solamente en la localización, comunicaciones, precio y demás determinantes de compra, sino considerando también la cada vez más valorada Eficiencia Energética.